Niebla

En nuestro campo, hasta donde yo recuerdo, siempre hemos tenido un perro.

Niebla (2022, 2000)

Cuando era hembra se llamaba Niebla, por la San Bernardo de Heidi.

Si era macho se llamaba como tú. Quién conociera a mi padre ya sabrá porqué y en que situaciones les llamaba así, y al preguntar por el nombre de la mascota mi padre siempre contestaba:

– ¡Se llama como tú!
-¿Pedro?
-No. Como tú!

Y así de uno a otro perro, cuando nos dejaba, según el sexo cambiaba de nombre.

Mi padre nunca supo su fecha de nacimiento. Cuando sus padres bajaron del monte al pueblo lo registraron un 22 de diciembre. Mi padre decía que el no sabía cuantos años tenía ni cuando nació.

El último perro que tuvo fue hembra. No lo recordaba pero nos la dieron ya nacida, cachorrita. Pero hasta el 2008 no la registraron y le hicieron la cartilla. Igual que a mi padre.

Los ultimos años de mi padre los recuerdo en el campo recuperándose y sin parar de hacer «chapucerias», siempre en compañía de Niebla.

Y estos últimos años mientras yo sembraba algo o cuando regaba los naranjos, siempre me rondaba o se ponia a descansar a la sombra de un árbol sobre la tierra mojada haciéndome compañía.

Niebla

Ayer se fue Niebla (20/08/2022). La descubrí quietecita al bajarle comida. Y mientras le cavaba su última camita, de refilon la veía detrás de mi descansar debajo un árbol con su pelaje marrón brillante, con las moscas y avispas ultrajando mi amiga.

No se cuantos años tenía Niebla, pero tengo una foto con ella de cachorrita, y yo con una camiseta que me pintó mi hermana de la copa del rey del 99. Unos 22 años.

Poco más de veinte años no está mal para un perro, un perro como yo que la ha tenido de compañía. Pocos han sido.

Ya estáis los dos juntos por allí arriba.

Guillemot i el drac

Había una vez un reino en el que todo el mundo vivía muy feliz. En el los carpinteros plantaban árboles y los herreros levantaban montañas. En aquel reino los granjeros cultivaban verduras y frutales para vender en el mercado. Y todos eran felices y cantaban.

Un día unas nubes negras avanzaron hacia el castillo y de las nubes salió un dragón que se enroscó en los torreones del castillo. El dragón rugía y tiraba fuego por sus narices bigotudas.

«¡¡Hambre!!» gritaba el dragón.

El rey y sus súbditos asustados y tristes abandonaron el castillo. En un intento de salvar el reino hicieron llamar a los más valerosos caballeros para espantar al dragón.

Pero el dragón blandía sus alas y los soldados salían volando como cometas.

«¡¡Hambre!!» gritaba el dragón.

Entonces el rey decidió ofrecerle los más exquisitos manjares y postres al famélico dragón.

Chocolatinas, coques, dulces y golosinas. Nada calmaba el hambre del dragón.

«¡¡Hambre!!» gritaba el dragón.

Un día Guillemot ayudaba a su padre en la granja cultivando brócoli y coliflores cuando un soldado que había salido volando cayó encima del dedo gordo del pie del papi de Guillemot dejándolo en cama sin poder andar. Guillemot cogió las coliflores y los brócoli y en una carretilla se las llevó al pueblo para venderlas en el mercado.

Cuando llegó al mercado los tristes ciudadanos del reino no le compraban sus verduras así que siguió andando. Así hasta que llegó a los pies del castillo donde el dragón rugía desconsolado.

Guillemot no se asustó del dragón y continuó hacia las puertas para venderlas en el castillo. Cuando el dragón vio a Guillemot acercarse con una carretilla, el dragón agacho la cabeza y olfateó las verduras. Guillemot no se asustó y con la mano intentó espantarlo.

«Umm» rugió. Y de un bocado se comió la carretilla. Y sonriendo gritó «Bueno, Rico» y el rey al verlo salió corriendo en busca de Guillemot.

«¿Tienes más verduras?»
«En la huerta de mi padre»
«Debes llevarte al dragón a tu huerta y darle todas las coliflores y brócoli que quiera»

Guillemot se llevó al dragón al campo de brócoli para que el dragón comiera hasta llenarse la panchota.

La alegría volvió al reino, el dragón comía feliz brócoli y coliflor del campo. Y el rey le regaló a Guillemot una carretilla nueva con propulsión automática y a su papi unas botas resistentes para que nunca más se hiciera daño en el dedo gordito del pie. Nunca se tuvieron que preocupar por tener que vender las verduras que el dragón devoraba mientras cantaba y todos fueron felices y comieron regalices.

Historietas

Erase una vez que era y no era.

Casi todas las noches le leo un cuento a mi hijo. Y cuando no puedo leerle un libro, me lo invento.

No serán grandes historias de aventuras y tampoco serán muy originales. Pero me sugirieron dejarlas por escrito, y ya puestos aquí iré publicando esas historietas. Espero que disfrutéis.

Y colorín colorado…

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