Orwell se quedó corto

No hace falta que nos vigilen.

George Orwell escribió la novela 1984 allá por 1949, en donde describía una sociedad siempre observada, espiada, por el Gobierno a través de cámaras. La película interpretada por John Hurt fue estrenada en el mismo año de su título y dirigida por Michael Radford. Pero Orwell no se imaginaba el futuro, nuestro presente.

José Mota. Foto by Jeosm

El 7 de enero, Zenda publicaba una entrevista de Jesús Fernández Úbeda a José Mota titulada “Orwell se quedó corto”.

Debemos reírnos, en primer lugar, de nosotros mismos. Para pegarle un palo bien dado al ego. Lo primero que tenemos que romper es el ego. El humor nos permite partir el ego, soltarnos y darnos cuenta de que casi nada es para tanto ni casi nadie…

Casi nada es para tanto es Sagra’s House

Opino que el teléfono, que es una herramienta maravillosa y nos da mucha libertad, nos ha incomunicado. El teléfono, de lejos, nos comunica; de cerca, nos incomunica por completo. Cambiamos información por pedazos de nuestra vida. Tío, ¡te estás perdiendo el presente! Dejé de llevar cámaras de vídeo a las vacaciones porque me di cuenta de que no vivía. Luego, te das cuenta de que ese exceso de información es un grano de arroz en comparación con la pérdida de no haber vivido el momento. Hemos pasado a la excesiva información fotográfica. Fotos, fotos, fotos… que terminan reposando en un ordenador toda su puta vida, miles de fotos que no volvemos a ver. Y más, más, más, ¿para qué? Debe ser que mi alma es analógica. Echo de menos los álbumes. Cuando se abrían, había una comunión. La abundancia de las cosas hace que esas cosas pierdan valor. Por eso no hay estado perfecto en la vida. Yo abría el álbum, veía esas fotos físicas y tenían un valor absoluto; ahora es: foto, foto, otra… Ese es el peligro de la sobreinformación. Prima el ir deprisa sobre el reposo, la cantidad sobre la calidad. Lo que pasa es que es muy difícil apearse de este tiovivo al que lo han puesto a 45 revoluciones. Antes me gustaba más, cuando iba a 33. Te daba tiempo a ver el paisaje de alrededor. Ciento y pico gigas en el móvil. Más fotos, más vídeos. ¡Si no hay tanto tiempo! Al final, consumes sin digerir.

Yo un culpable, de deborarlo todo con el foco de la cámara. Mis amigos están recuperando ahora la visión después de tanto flash.

Los libros me otorgan el placer de conocer, de saber. He sido curioso toda mi vida. Disfruto aprendiendo, mucho. No hay mayor regalo que la inquietud por aprender. Revisito libros del cole con mucha frecuencia, fíjate. No hay una verdad absoluta; sí el placer y el máximo respeto a conocer lo que otros hicieron antes que tú. Y yo creo que, cuanto más conoces, tu toma de tierra es cada vez mayor. Sabes más de dónde vienes. Nunca lo vas a saber todo ni queremos saberlo todo, pero querer saber cosas es muy ameno y da mucho placer. Por cierto, se mete demasiada materia, bajo mi punto de vista, hoy en los coles. Me parece mucho más inteligente e interesante meter menos temario… Por ejemplo, que la Filosofía que dan esté menos memorizada y más razonada. ¿De qué me vale memorizar un texto si luego no lo he entendido?

Menos memorizar y más razonar.

… Y creo, fíjate, que Orwell se quedó corto: ahora mismo, ¿qué nos ocurre? Hay libertad, esa es la gran noticia: tú puedes utilizar herramientas como Twitter como te dé la gana. Pero también está la gente que televisa su vida continuamente con tal de ganar followers. No me salen las cuentas. Ahora mismo hay algo terrible: te has convertido en tu propio policía. Eres capaz de fotografiarte en todos los sitios y colgar tu vida. Orwell no imaginó eso nunca: que lo hagan terceros, vale; pero ¡que lo hagas tú mismo!

En 1984 apareció el primer Macintosh. Ya ni Mercadona ni Google tiene que espiarnos. Lo publicamos todo con el iPhone.

Fin. Voy al baño.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.